PRIMER DIALOGO:
Cerro. Imitando el lugar.
Alcanzando los oídos que han llamado
a una sola ola, nuestra calavera,
por favor, a nuestra atroz manzana.
Pues, no me equivoco cuando alguien me dice
que todas las moradas se han hecho el mar.
El amaneciéndose un cuerpo que nos vuelve a decir: queremos parecernos.
Ya que me duplico, como en tus flores.
Y ahora, mas ahora, cuando la fruta intenta
llamándome subir. Y en bajarse, unas manos
puesto que también amamos; y también miramos.
Porque parecemos siempre un cerro sin mujer.
—Porque somos de madera.
Porque, aunque sea su sangre el agua, y el color
una casa, la respuesta será, y así seremos,
una clara e inapelable ilusión…





















